Elizabeth
Las tareas domésticas no eran suficientes para mantener su mente ocupada. Cuando terminaba sus obligaciones, deambulaba por la mansión. Empezó a dar paseos por los jardines al final de la tarde y a frecuentar el gimnasio de la mansión para mantenerse en forma. Pero no era suficiente.
Llegó a preguntarle a John si podía buscar un trabajo o trabajar como chef, su pasión. Él se negó rotundamente.
Entonces, para ocupar su tiempo, comenzó a hacer trabajo voluntario. Se dedicaba al orfanato y al asilo que mantenía la iglesia.
John no se opuso. Pensó que era una excusa para salir de casa, para él era otra táctica para llamar la atención. Y si se pasaba de la raya, James se lo contaba todo.
Donó el piano a la parroquia y empezó a dar clases de canto y piano en el pequeño auditorio para niños y adolescentes.
Una vez a la semana, tocaba para los ancianos del asilo. Cuando llegaba, era como un ángel que iluminaba aquellos días solitarios.
También empezó a cantar en las misas, su voz dul