CAPÍTULO OCHENTA Y TRES
Aiden manejó directo a la casona Preston. Subió la velocidad y apretó el manubrio entre sus dedos, casi rogando que tuviera un puto accidente, porque ya no tenía ganas de vivir.
Para su desgracia llegó sano y salvo a la casa de sus padres. Se estacionó en la entrada y recorrió el jardín que le recordaba a su pequeña rosa. Se martirizaba al pensar que fueron tan felices, pero que él no supo valorar lo que tenía.
Que no supo valorarla como mujer ni como pareja.
El ansiar m