CAPÍTULO OCHENTA Y DOS
Aiden volvió a servirse un trago de whisky y lo observó con un odio que nunca imaginó tener por nadie, menos por alguien que era inocente ante sus ojos, pero que fue utilizado para fines perversos y malvados, ya que, gracias al niño, fue que Aiden finalmente heredó la Compañía Preston S.A haciéndose dueño de absolutamente todo.
Y con Lucca cumpliendo una sentencia condenatoria, él ya no tenía ningún camino que derribar.
Pero lo que Aiden no sabía era que Lucca, a pesar de