Capítulo Doscientos Veinticuatro
El fiscal Cooper prendió el computador que estaba sobre la superficie de madera y les pidió a los jóvenes que tomaran asiento frente a su escritorio de roble.
Emily miró todo con atención ya que la oficina estaba algo descuidada. El fiscal tenía un montón de papeles y archivos sobre la mesa. Una taza de café a medio terminar y en sus facciones el agotamiento físico y mental era claro.
Ella también estaba agotada.
—¿Deseas ver el video? —cuestionó el fiscal.
Emil