CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
Emily seguía sentada con la cabeza apoyada en la pared y sus manos cubriendo su vientre. El dolor aun no mermaba ni tampoco las náuseas que subían y bajaban por su tráquea.
Aiden llegó al segundo piso por las escaleras y se internó a pasos apresurados en el pasillo buscando a su esposa, que cuando la vio con los ojos cerrados, todo en él ardió.
—¿Que te hicieron Em? —Aiden se encuclilló afirmándose de las rodillas de Em.
Su esposa abrió los ojos y enderezó su espalda, pe