CAPÍTULO CIENTO DOS
—Esos niños algún día te van a provocar un ataque al corazón —se volvió a burlar Adele.
Emily tan solo negó con la cabeza y se dirigió a la guardería, pero antes de que pudiera escabullirse por los pasillos de la empresa, Schneider se cruzó en su camino.
—Señorita Harper —dijo apenado—. Cuanto lo siento. Si lo hubiera sabido, no le habría vendido la empresa al señor Preston.
Emily tan solo sonrió de boca cerrada por la comprensión del viejo y Adele se puso a su lado cruzándo