CAPÍTULO CIENTO CUARENTA Y OCHO
—Hemos llegado —avisó la enfermera deslizando la puerta—. Estaré aquí esperándote. Para lo que necesites, estoy aquí.
—Muchas gracias enfermera Rinaldi —susurró la joven que no dejaba de tener un nudo en el estómago, ya que enfrentarse a Daphne nunca había sido fácil, ni mucho menos ahora cuando vería a una Daphne completamente distinta, ya no estaría aquella mujer altiva y soberbia que alguna vez fue, si no que estaba segura que vería la parte más vulnerable de