•Capítulo 68•
A lo qué ella me miró asustada y sólo asentó su cabeza sin decir una sola palabra.

Tomé a Cristian del brazo levantándolo de su asiento, caminando lo más rápido que pude hasta llegar al auditorio donde siempre desatábamos nuestras ganas.

Lo senté con brusquedad en el escenario, ¿qué podía hacer? Tenía unas ganas inmensas de cogermelo, quería que me llenara y me embistiera fuerte como me gustaba.

Él sólo me miró cautivado haciendo una pequeña sonrisa pervertida, ¡joder! Era un placer enorme para
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