Sentí chispas en mi estomago, mis mejillas se ruborizaron, sentí una corriente por todo mi cuerpo.
—No tengo nada, tranquila. —puse mi mirada en ella —¿Tú estás bien?.
—Sí, más que bien. —sonrió sin quitar sus manos de mi rostro —¿Qué tal si... Nos bañamos?.. —volteó su rostro hacia abajo, tapando su cara con la almohada
¿Qué había dicho? ¿Había escuchado bien? ¿Por qué decía eso? No, no era eso, quizás había escuchado mal.
—¿Q-qué? ¿q-que d-di-dijiste?. —tartamudee, ¡Dios! Aveces odiaba mi cue