—¿Nos vamos, mi amor? —preguntó Esteban desde la puerta.
Otra vez eso.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—S... sí —respondí, todavía sin acostumbrarme a cómo me hacía sentir esa simple palabra.
Salimos, fuimos a mi casa, recogí el bikini... y regresamos. Apenas entré a su habitación, me dejé caer otra vez en la cama.
Y fue ahí... donde todo volvió.
Ese pensamiento.
Esa sensación.
Porque sí... yo ya había tenido novio, pero nunca fue así.
Nunca me dio "mi amor". Nunca "mi bebé". Ni siquiera "cari