Los días pasaron con calma; finalmente llega el momento de ir por aquel joven que, desde que Luciano supo de su existencia, lo sintió como una carga invisible. No por el hecho de que se vuelve una responsabilidad para él, sino más bien por la historia de su existencia.
Dmitri Amatov era producto de una venganza; no era algo de lo que Luciano se sintiera orgulloso de contar, pero su parte humana le hacía buscarlo, pues al final, era de su sangre y, al saber dónde vivía, simplemente no podía dejar