Emely se ruborizó y observó con impresión a Luciano, sintió que él apretó su agarre y su mirada se volvió más profunda, embriagándola por completo.
Ella, confundida, soltó el agarre y esquivó su mirada, volteando hacia Ian.
—¿Cómo que has hablado de mí? —preguntó.
Ian se notaba que no había notado nada extraño, sonreía como cualquiera que no ha visto a alguien especial por años.
—Bueno, él exagera, solo le he contado de ti desde que me comentó que iba a volver al país —explicó—. Eso fue hace do