Mundo ficciónIniciar sesión—Si quedas embarazada, yo debo ser la madrina —acotó Emely.
Diana soltó una pequeña carcajada y de un sacudón de cabeza aceptó la demanda.
Aunque se habían dicho hace mucho tiempo que no se ilusionarían con la idea de que Diana quedara embarazada, esa tarde, entre panes rellenos de caramelo y refrescos, pensaron en nombres de niños y en cómo se debería decorar el cuarto del bebé. Tambi&eacut







