Deseaba preguntarle a Luciano si quería acompañarla a la habitación, pero le daba temor que se negara y pasara una gran vergüenza, así que se limitó a sonreír y después se alejó al interior de la cabaña, para poder subir por las escaleras a la segunda planta.
Al llegar a la segunda planta, entró a la habitación principal, cerró la puerta con seguro y caminó por la habitación, sintiendo una desilusión por no haberse arriesgado a preguntarle a Luciano si la acompañaba.
Por Dios, Emely, habría sid