La gala de caridad de los Vince se celebraba en el salón principal de la mansión, un despliegue de opulencia que pretendía limpiar con champán y diamantes la sangre que Francesco derramaba en las calles. El aire estaba cargado de perfumes costosos y el murmullo de la élite criminal y política de la ciudad. Yo estaba apostado cerca de una de las columnas de mármol, con el auricular zumbando y el corazón pesado como el plomo.
A unos metros de mí, Cianna se movía con una gracia depredadora, vestid