—Voy a la farmacia. —Le avisé a Valeria mientras me colocaba mis zapatos, al fin al segundo día de nuestro viaje me había dignado a ir a comprar la prueba de embarazo.
Confío plenamente en que no paso nada, pero nunca se puede saber que cosas borro un mal momento de mi cabeza.
Y que si en verdad había un niño dentro de mi vientre, ir a alguna clínica clandestina a deshacerme de él.
Ya que yo no iba a darme el castigo de vivir toda mi vida viendo el rostro de alguien que nació a través de tan