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~ El punto de vista de Lucian
Los guardias volvieron a formarse, mirándose nerviosamente. Estaban exhaustos, pero sabían que detenerse no era una opción en ese estado. Me dolían los puños, me subía y bajaba el pecho, pero nada importaba. Necesitaba ahuyentar la frustración, la persistente sensación de fracaso que me carcomía.
“¡Muévete!“, le espeté a uno de los guardias más jóvenes, que era demasiado lento. Se apresuró a ponerse en posición, con el miedo reflejado en su rostro. Apenas lo no