—¡Solo dile al señor Robinson que deje de culparme! —dijo Anton una vez más.
Selena se dio la vuelta y se acostó dándole la espalda. Estaba agotada de discutir con él.
—¿Me estás escuchando? —Anton la tomó del hombro para obligarla a mirarlo.
—No voy a interferir en tu trabajo, ni a hacer de mensajera ante el señor Robinson. Solo sigue los procedimientos de la empresa. Si cometiste un error, asume las consecuencias —respondió Selena con un suspiro de cansancio.
—¿Tanto te cuesta ayudar a tu prop