Capítulo 17 – El castigo eterno
El invierno cedía poco a poco a la tibia llegada de nuevos colores, pero dentro del convento no había estaciones. Solo existía un clima constante de silencio, rezos y penitencia. Para Anastasia, sin embargo, el tiempo ya no se medía en las campanadas del claustro ni en los rezos interminables, sino en los cambios que su cuerpo comenzaba a mostrar.
El secreto que tanto había guardado empezaba a traicionarla. Su vientre, redondeado y firme, anunciaba en silencio la