Capítulo 46 — Almas podridas
El aire de Rusia se sentía más frío de lo habitual aquella noche, aunque el invierno se estuviera acabando, Ekaterina Volkova caminaba con pasos calculados por las estrechas calles traseras de la ciudad, envuelta en un abrigo negro que ocultaba su elegancia y también su verdadera naturaleza. Había dejado atrás la fachada de mujer refinada y benefactora, esa que mostraba en la alta sociedad rusa. Ahora caminaba como lo que realmente era: una mercenaria disfrazada de