YELENA
Entré en el garaje de Tyler con el corazón latiéndome con fuerza, como si quisiera saltar y volver corriendo a casa. La casa era enorme y silenciosa, escondida en un lugar apartado donde las luces de la ciudad se desvanecían y el bosque comenzaba a susurrar.
Altos pinos se apretaban contra las paredes, sus sombras se movían con cada soplo del viento. Apagué el motor y me quedé allí un segundo, intentando respirar con normalidad.
Alguien me había seguido casi todo el camino. No dejaba de