TRISTAN
Yelena no despertó en todo el día de ayer.
Me quedé hasta el amanecer, sentado en aquella dura silla de hospital, observando cómo su pecho subía y bajaba como si fuera lo único que sostenía mi mundo.
Cuando amaneció, tuve que irme. Le dije a Jackson que me llamara en cuanto abriera los ojos. Ni un minuto después. Ni después del desayuno. En ese mismo instante.
Luego fui tras Tyler.
Pero el muy desgraciado ya se había ido.
Sabía lo que había hecho, lo sentía en los huesos y huyó.
Me qued