— ¡Ohh! — siseo — Eres la mejor Mérida, ¡dios! tienes un gran don con las manos.
Bajo mi mirada para así ver a Mérida dándome un grandioso masaje en los piés, ella me sonríe amablemente, gesto que le devuelvo agradecido de que haya aceptado darme este masaje que tanto he necesitado. Y es que durante estos dos días he entrenado junto a ella durante las mañanas y en las tardes voy junto a Louis y Derek a dar una ronda por los límites de nuestro territorio, y eso es bastante cansado.
— No lo d