46. Sergey

Dormir solo luego de tanto tiempo se siente casi extraño, y no podía quitarme la sensación d eque había hecho algo mal mientras abrazo la almohada de Amara, poco a poco había ido adquiriendo su aroma, y mierda, me encantaba.

Pero esta noche mi compañero de sabanas era el perro, Igor  estaba roncando ligermente a los pies de la cama, evidentemente extrañando a Amara mientras yo intentaba descifrar donde mierda lo había arruian

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