Alessandro no volvió a casa ese día, ni en los dos siguientes. Solo lo veía en la empresa y volvía a casa sola. Mi mente estaba a mil, y mi corazón en completo contraste con mi cabeza.
Aún sentía rabia por lo que había hecho conmigo y con Catherine, pero aun así, sabía que lo amaba.
Una bocanada de aire llenó mi pecho mientras observaba la vista desde la ventana de mi despacho.
La puerta se abrió y, antes de girarme, supe quién era. El aroma que tanto me gustaba llegó a mis narices, anunciando