A la mañana siguiente me siento en la cama y miro el suelo por un largo rato, meso mis pies de forma juguetona, creo que estoy delirando del sueño que tengo, miro por encima de mi hombro y veo que mi esposo se empieza a despertar.
—Buenos días— Su voz es ligeramente ronca y somnolienta.
—Hola— Suelto un gran bostezo. —Buenos días.
—¿Dormiste bien?
—¿Dormir? Me ha dado insomnio por lo ocurrido— Le dedico una pequeña sonrisa. —Voy a buscar nuestra ropa.
Me levanto de la cama de un salto y busco n