Termino de lavar lo que usamos y de acomodarlo en su lugar, pero me da miedo volver al cuarto, después de escuchar esa amenaza, no me dan muchas ganas de volver, pero tengo que hacerlo, de lo contrario Reese saldrá y me dará caza. Trago saliva con dificultad y camino de regreso al cuarto, arrastrando un poco los pies.
Me paro frente a la puerta del cuarto y la abro un poco, asomando la cabeza de forma tímida, mis nervios están a flor de piel al ver que Reese no está, entro al cuarto cerrando la