Caminamos hacia el enorme templo, me aferro con fuerza al brazo de mi marido, quien siempre me ha sabido infundir de sentimientos positivos, en nuestro andar, he notado que Nue se muestra muy inquieto, al punto que parece nervioso.
Entramos al templo y me dice Kenjiro que debo purificar mi cuerpo, que es verdad que la corrupción todavía no es muy palpable, pero prefiere evitar llegar a ese punto, porque puede ser un camino sin retorno. Aprieto con más fuerza el brazo de Reese.
—Para eso, tendre