Llegamos hasta una choza algo grande, el hombre que nos invitó a pasar, nos dice que esperemos ahí, los guardias se ponen más alertas que antes. Mientras esperamos, me pongo a jugar con los dedos de Reese, como de costumbre; me impresiona la enorme paciencia que tiene. La poca luz solar que pasa por las espesas nubes, ilumina mi anillo de plata.
Pasa un rato, y de la choza sale una mujer de la edad de mi cuñado mayor, ella nos mira con los ojos entrecerrados y cuando sus ojos se posan en mí, fr