Capítulo 72: El amor del Beta.
Más tarde esa hermosa noche, el jardín trasero de la mansión se iluminaba con un suave resplandor bajo la luz de la luna.
La fresca brisa nocturna mecía lentamente las hojas de los frondosos árboles y hacía danzar las ramas de los sauces llorones, que se inclinaban con elegancia.
Senderos empedrados a través de la vegetación, grandes arbustos largos que daban una vista más íntima y misteriosa al lugar, entre la oscuridad de la noche solo opacada por la luz del firmamento en compañía de una