La lluvia caía implacable en la profundidad del bosque, empapando el suelo cubierto de hojas marchitas y lodo; las ramas retorcidas de los árboles provocaban un escalofriante sonido al chocar entre sí mecídas por el fuerte viento.
Beta Gaspar, el lobo brujo, avanzaba cautelosamente, sus sentidos agudizados por la magia negra que fluía a su alrededor.
De repente, un sonido abrupto rompió la monotonía del aguacero: un aullido lejano, profundo y agónico, que resonó en el aire frío de la tormen