—¡REZEF! —gritó Maray, al abrir sus ojos y darse cuenta que su mate ya se había marchado.
El sonido de la leña en la chimenea que ardía con intensidad, el aroma a madera de la casa en el pueblo de Luna Plateada donde estaba.
Esa belleza pelirroja se vio acostada en una banca de madera en el interior, la puerta abierta, la oscuridad dejando ver que seguía siendo de madrugada. La lluvia a torrenciales en las afueras, le hizo quedarse un momento en silencio, ida mientras recordaba todo lo que