El agua de la ducha caía suavemente sobre su escultural cuerpo, delineando cada músculo, mientras su afilada mirada gris se posaba en la distancia, inmerso en sus pensamientos.
Alfa Rezef recordaba las palabras de su prometida, Tabitha, tras concluir su entrenamiento matutino.
Con un giro suave, cerró el grifo y abandonó el baño, envolviéndose en una toalla blanca que rodeó su cintura con discreción; fue en ese momento, cuando uno de sus lobos le llamó con súplica, por su enlace mental.