Tras la potente explosión del choque de mágicas fuerzas y el estruendoso derrumbe de la colina rocosa, Alfa Rezef finalmente tomó distancia de su pequeña cachorra, Connie, quien se aferraba a él con preocupación en sus ojos.
—¡Papá, tu herida está sangrando! —exclamó la pequeña, observando con temor el brazo izquierdo de su padre, el Rey Alfa.
—No es nada, hija~ —le sonrió Rezef, intentando tranquilizarla.
En ese instante, un fenómeno asombroso captó la atención de ambos.
¡Caía… HIELO!
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