Reina Maray, reconoció de inmediato por el aroma y la esencia, que se trataba de la Omega, Liza. La tarde nublada se asomaba por las largas ventanas de cristal de su habitación, dejando entrever la creciente oscuridad del anochecer.
—Pasa… —accedió Maray, seriamente.
—Luna… Pensé que podríamos hablar~ —sonrió Liza, que traía consigo una bandeja con té y bocadillos—. Yo misma preparé unos dulces para que la Reina Luna los pruebe~ son muy famosos en la manada y…
—¡Liza! ¡Debo ir por Rezef!