El sagrado anillo ceremonial, de la manada Luna Plateada, se encontraba en el dedo de ella, que no se lo había quitado nunca desde la boda.
—Ser marcada no es solo un vínculo físico, Maray; sabes que es un juramento, nuestro lazo eterno. Si tú lo eliges, no habrá vuelta atrás. No lo permitiré… —Rezef susurró al oído de ella, un tono seductor y posesivo— Muero porque seas mía —sus manos invadiendo bajo la bata de Maray, poco a poco esa falda larga quedaba más recogida.
—Ah~ Rezef… —Maray no