La oscuridad de la noche cubría las profundidades del extenso y espeso bosque, donde la luz de la luna apenas se filtraba por las ramas de los frondosos árboles que se alzaban como majestuosos gigantes, dejando que pequeños brillos plateados iluminen el suelo.
Grandes árboles frondosos, cuyas ramas se entrelazaban, se mecían suavemente con la brisa fresca nocturna que soplaba, trayendo consigo el aroma a hiervas.
Los sonidos de los animalillos nocturnos llenaban el aire, el susurro de los