Con una urgencia desesperada, Alfa Rezef acercó su rostro al de Maray, en un instante sus labios se encontraron en un beso voraz, como llamaradas que consumían todo a su paso.
Movimientos feroces que sorprendieron a Maray, dejándose guiar por esa pasión arrasadora de su Alfa, por esos labios que tan perfecta pareja eran de los suyos. Ella se aferró aún más a él, devorándose a besos. Cada roce era una explosión de deseo que los envolvía en un fuego pasional inextinguible.
Ese Alfa tenía a e