Mia:
Arranqué el auto y me alejé sin mirar atrás. Agarré el volante con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos.
Para cuando llegué a la ciudad, ya había pasado la medianoche.
Me detuve frente a un bar cualquiera y me quité la capa.
Dentro del bar, el aire estaba cargado con el hedor a alcohol y sudor.
Me senté en un taburete en la barra.
—Dame la bebida más fuerte que tengas —no me importaba que estuviera embarazada. Lo único que sabía era que necesitaba un trago.
El bartender levant