Mia:
Era alta. Su larga capa roja ondeando detrás de ella mientras se acercaba a nosotras, con el rostro oculto detrás de una capucha.
Se paró frente a nosotras, con la chimenea sirviendo como barrera. Sus manos flotaron sobre las llamas y estas se apagaron lentamente.
Entrecerré los ojos, intentando ver bien su rostro.
Se tomó su tiempo y finalmente bajó la capucha.
Como alguien que había entrenado a mi madre, esperaba que fuera una vieja, pálida, arrugada y desdentada, pero era tan joven y he