Lukas:
Habían pasado cinco días desde que Mia regresó y cada vez que cerraba los ojos para dormir, se agitaba violentamente, llorando. No importaba lo que hiciera, no despertaba.
—Alfa Lukas, la vidente ha llegado —dijo una sirvienta, interrumpiendo mis pensamientos.
—Déjalo entrar.
Me levanté de mi asiento y miré por la ventana, con los ojos fijos en la luna que comenzaba a asomarse entre las nubes.
No me giré ni siquiera cuando supe que estaba detrás de mí.
—Aquí está lo que pediste —colocó u