Fregué la última superficie de la mesa, limpiándola hasta que brillaba. Pero mi mente no estaba en la limpieza. Estaba en Lucian. El hombre que quería consumir mis pensamientos.
Todavía podía sentir su toque, la forma en que sus dedos trazaron mi columna esta mañana. La forma en que sus ojos azules se oscurecieron cuando me miró. Me había despertado en sus brazos, presionada tan cerca de él que todavía podía sentir su calor.
Me mordí el labio y sacudí la cabeza. Necesitaba concentrarme.
Con una