Poco después, Cindy se metió en la piscina y dio sus vueltas. Ya había dado unas cuantas rondas cuando, de repente, el agua salpicó cerca de ella. Sorprendida, se detuvo, tratando de ver a través de la superficie brillante quién había saltado a la piscina.
De repente, una cabeza asomó a unos metros de distancia y, para su sorpresa, era Miguel Ángel, que ahora se dirigía a ella con una sonrisa.
—Espero no haberte asustado.
—Bueno, una pequeña advertencia habría estado bien. —respondió Cindy c