Cindy había seguido a su madre hasta el balcón y no podía creer lo que escuchaba.
—¿Qué? —dijo horrorizada—. ¿Salvador? ¿Has traído a Salvador contigo?
—Mejor dicho, me trajo —dijo su madre. —Tenía que venir aquí de alguna manera, después de todo. Además, últimamente ha preguntado mucho por ti, y pensé que probablemente también te alegrarías de verle.
—Mamá, ¿cómo has podido hacer eso? —gritó Cindy emocionada—, te dije que no me interesaba.
—Pero es un hombre tan agradable.
—A quien no qui