Capítulo 32

—Hola, dormilón, vamos que ya sé que estas despierto, déjame ver esos ojos azules y cristalinos como el cielo.

Sonreí manteniendo los ojos cerrados. Ciertamente ya me encontraba despierto algunos minutos antes, sin embargo permanecí otro rato en la cómoda cama de aquella habitación. Durante la madrugada, ella, mi ángel, irrumpió mi sueño un par de veces para suministrarme los medicamentos que debía ingerir durante una semana más para recuperarme por completo, no era de suponer que me encontrara
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