Jazmín sentía la mirada de Alex férrea sobre ella, lo ignoraba, tanto como podía, hasta que Clara se acercó a ella y los llevó hasta un salón.
Ruggero miró a su mamá.
—¿No me saludarás?
—No, ¿Qué es lo que haces aquí?
—Bueno, fui invitado, como tú, ¿Por qué te molesta tanto?
—Quiero que te vayas ya mismo.
—¡Clara! No seas tan injusta, Ruggero me acompañó y ha sido tan bueno.
—Jazmín, si te envié a la casa en Hispalis, no fue para esto. Ahora nos iremos ya mismo, no quiero ninguna objeción