— ¿Has comido ya? —preguntó Daniel.
— Todavía no. ¿Y tú?
— Qué coincidencia, yo tampoco.
Sus miradas se encontraron y algo llamado "complicidad" se expandió entre ellos.
Veinte minutos después...
Daniel y Lucía estaban sentados en un restaurante de barbacoa.
La carne de cerdo entreverada chisporroteaba en la parrilla. El hombre la volteaba constantemente hasta que la superficie quedó ligeramente dorada. Luego la colocó sobre una hoja de lechuga fresca, la envolvió y la ofreció a la joven.
Lucía,