Lucía apartó la mirada con calma y se concentró en su comida.
Los platillos que los Manade ofrecían a sus invitados eran, naturalmente, exquisitos. Se decía que habían contratado especialmente a un chef de banquetes estatales para la ocasión, por lo que cada plato era una obra de arte que deleitaba todos los sentidos.
Incluso el sencillo postre que sirvieron a mitad de la comida era una especialidad de banquetes oficiales: pudín de almendras.
¡Para Talia, esta mesa era una absoluta "felicidad" c