Mantener la distancia, no acercarse, era lo mejor tanto para ella como para él.
Mientras Lucía guardaba los documentos y el bolígrafo, el hombre murmuró para sí: —Pero yo aún te considero mi amiga...
Lucía se marchó. Mateo observó su figura alejarse antes de retirar la mirada con calma. Levantó su taza y bebió un sorbo de café. La amargura se extendió instantáneamente por su boca, pero su expresión no cambió.
Acariciando el borde de la taza con el pulgar, su mirada se posó en la taza que Lucía h