Celia y Fidel siguieron a Mateo hasta allí, temerosos de ser descubiertos, no se atrevían a asomarse y, como estaban muy lejos, no podían ver nada. Deseaban tener un telescopio en sus manos.
Pero de algo estaban seguros: ¡el tipo tenía una nueva conquista! No era de extrañar que hubiera abandonado a su hija.
Durante el último mes, Celia y Fidel habían sido tratados como reyes por los Ríos. Mercedes les cumplía casi todos sus caprichos, y vivían tan cómodamente que ya no querían volver a su antig